Un
viaje bastante variado nos llevó hasta Singapur. Primero, doscientos
kilómetros de vuelta en moto, esta vez mucho más placenteros con
paisajes impresionantes y buen abrigo. Seguidos de diecisiete horas
en el tren con literas hasta Bangkok, nuestro último día en la
capital del país y sus centros comerciales. Cogimos el metro hasta
el aeropuerto donde pasaríamos la noche rodeados de cientos de fans
adolescentes de un grupo de pop Koreano, y finalmente un viaje en
avión de dos horas hasta Singapur, el cuarto centro financiero
mundial.
Estar
en esta ciudad a sido como volver a Europa sin salir de Asia. Todo
está perfectamente cuidado y limpio, sin demasiado tráfico, amplias
avenidas y muchos parques. En el centro los rascacielos de cristal
son los grandes protagonistas, llenos de oficinistas y empresarios
perfectamente trajeados y de todo tipo de nacionalidades. Tengo que
decir que es la primera capital en la que no he visto ese contraste
tan típico entre pobreza y riqueza de las grandes ciudades. En
Singapur se respira el lujo en cada esquina, con una arquitectura
fascinante, parques con césped perfectamente cortado, un hospital
enorme que parecía una pequeña ciudad con un edificio para cada
especialidad, coches y tiendas de lujo en centros comerciales con
diseños futurístas, un metro impecable que conecta directamente con
el interior de estos centros y hoteles, bares y restaurantes llenos
de estilo, una marina con un puerto interior a los pies de los
rascacielos y un aeropuerto cuidado hasta el último detalle con
infinidad de servicios gratuitos.
Fue
sorprendente subir a la azotea del centro comercial de la marina y
ver a un lado el edificio más simbólico de la ciudad junto a un
nuevo jardín botánico con edificios que parecían árboles
gigantescos, al otro lado se podía ver toda la marina con sus
parques y los rascacielos de fondo, y a lo lejos el mar abarrotado de
barcos de mercancías entrando y saliendo del puerto.
Nos
hubiera gustado pasar más tiempo en Singapur, pero nos sentíamos
algo fuera de lugar con nuestro presupuesto, ya que la única pega
son sus elevados precios en comparación con el resto de los países
asiáticos.
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