sábado, 12 de mayo de 2012

Singapur

Un viaje bastante variado nos llevó hasta Singapur. Primero, doscientos kilómetros de vuelta en moto, esta vez mucho más placenteros con paisajes impresionantes y buen abrigo. Seguidos de diecisiete horas en el tren con literas hasta Bangkok, nuestro último día en la capital del país y sus centros comerciales. Cogimos el metro hasta el aeropuerto donde pasaríamos la noche rodeados de cientos de fans adolescentes de un grupo de pop Koreano, y finalmente un viaje en avión de dos horas hasta Singapur, el cuarto centro financiero mundial.

Estar en esta ciudad a sido como volver a Europa sin salir de Asia. Todo está perfectamente cuidado y limpio, sin demasiado tráfico, amplias avenidas y muchos parques. En el centro los rascacielos de cristal son los grandes protagonistas, llenos de oficinistas y empresarios perfectamente trajeados y de todo tipo de nacionalidades. Tengo que decir que es la primera capital en la que no he visto ese contraste tan típico entre pobreza y riqueza de las grandes ciudades. En Singapur se respira el lujo en cada esquina, con una arquitectura fascinante, parques con césped perfectamente cortado, un hospital enorme que parecía una pequeña ciudad con un edificio para cada especialidad, coches y tiendas de lujo en centros comerciales con diseños futurístas, un metro impecable que conecta directamente con el interior de estos centros y hoteles, bares y restaurantes llenos de estilo, una marina con un puerto interior a los pies de los rascacielos y un aeropuerto cuidado hasta el último detalle con infinidad de servicios gratuitos.

Fue sorprendente subir a la azotea del centro comercial de la marina y ver a un lado el edificio más simbólico de la ciudad junto a un nuevo jardín botánico con edificios que parecían árboles gigantescos, al otro lado se podía ver toda la marina con sus parques y los rascacielos de fondo, y a lo lejos el mar abarrotado de barcos de mercancías entrando y saliendo del puerto.

Nos hubiera gustado pasar más tiempo en Singapur, pero nos sentíamos algo fuera de lugar con nuestro presupuesto, ya que la única pega son sus elevados precios en comparación con el resto de los países asiáticos.