DÍA 1 (11/02/2012)
Salimos ayer de Bilbao a las diez de la mañana con esa extraña mezcla de sensaciones que se suele tener antes de un gran viaje. Los nervios quedaron atrás, ahora solo nos llenan la ilusión e inquietud por ver los paraísos que nos esperan al otro lado del globo. Aunque no sería del todo sincero, si no dijera que también partimos con pena por toda la familia y amigos que dejamos atrás, a quienes no volveremos a ver en una larga temporada.
Ya es de noche cuando salimos de Madrid hacia Gatwick, donde unos amigos nos estaban esperando para acogernos. Hoy ha sido el primer día que hemos dormido fuera de nuestras casas y aunque sé de sobra que de ahora en a delante no todo va ser tan fácil, puedo decir orgulloso que después de tanta espera, por fin empieza nuestra aventura.
DIA 3 (13/02/2012)
El día del gran viaje. Salimos de Londres a media noche después de despedirnos de María, Padraig y sus hijos. Trece horas de vuelo nos separan de nuestro destino, quien nos sonríe regalándonos dos asientos en la primera fila del avión donde podemos estirar la piernas sin ni siquiera llegar a tocar la pared que nos separa de la cabina. Pero esta no es la única sorpresa que el vuelo nos tiene guardada. A mitad de vuelo, a eso de las cinco de las de la madrugada, me despierto inquieto y decido abrir una de las ventanillas que permanecen cerradas para que la gente pueda dormir. Una luz tremendamente intensa ciega mis ojos, cuando logro acostumbrarme, puedo ver un precioso día soleado sobre lo que parecen ser los Urales repletos de nieve. Duermo, veo la película de “amor a quemarropa”, y sobre todo, vigilo la ventanilla sin nada mas que ver que un mar de nubes. Está anocheciendo, y cuando al fin vemos tierra, el cielo le roba el protagonismo con una preciosa tormenta eléctrica. Muy cerca nuestro caen rayos azules y naranjas, y en el horizonte vemos una puesta de sol con nubes de color rojo intenso, una imagen que espero guardar durante muchos años.
Sabemos que Malasia es un país bastante seguro, pero llegar en plena noche al barrio de chinatown y empezar a buscar un hostel, es algo que pone a prueba los nervios de cualquiera. El calor acentúa la interminable variedad de malos olores que nos llegan a cada paso que damos, mientras observamos como la gente de la zona recogen los centenares de puestos de comida callejeros.
Para haber perdido siete horas con el cambio de horario, a sido un lunes interminable, lo que me hace darme cuenta de ya no tendremos más lunes ni fines de semana, sino solo días llenos de experiencias.
DÍA 5 (15/02/2012)
Llevamos dos días despertándonos a las cuatro de la mañana incapaces de dormir más. Han sido dos días de caminatas por el centro de kuala Lumpur y solo una palabra me viene a la mente cuando pienso en esta ciudad “enorme”. Aquí todo esta construido a una escala gigantesca, incontables rascacielos, pasarelas elevadas para los peatones con aire acondicionado, centros comerciales que ocupan tres edificios de diez plantas con un parque de atracciones y montaña rusa en su interior... incluso los árboles son enormes. Podemos sentir la selva que antes ocupaba este lugar, ahora cubierta por el asfalto y los rascacielos. Una ciudad al más puro estilo “Blade runner”.
De kuala me llevo la imagen de las torres Petronas iluminadas por la noche, símbolo de la ciudad, la imponente kuala Lumpur Tower, con la que seguro soñare que algún día salto en paracaídas, de mi sorpresa al descubrir una montaña rusa en el interior de un centro comercial, y como no, los incontables olores de chinatown.
Ya hemos tramitado el visado para Tailandia en la embajada, donde hemos conocido a Larry, un simpático aventurero neocelandés de la vieja escuela jubilado, que me a hecho recodar a mi padre, con el que nos hemos reído mientras esperábamos nuestro turno.
Si todo va bien, mañana recogeremos nuestros visados y dejaremos el bullicio de esta ciudad y sus rascacielos a medio construir para poner rumbo al norte, hacia la ciudad de Penang.