Nos
despertamos en el tren que nos sacaba de la locura de Bangkok para
llevarnos a una pequeña ciudad del norte del país famosa por sus
artistas y templos para la meditación. Chiang Mai está repleta de
tiendas de artesanía, ropa hecha a mano, y cuadros impresionantes.
El
fin de semana fuimos a ver los mercadillos del sábado y del domingo
donde muchas tiendas y artesanos montan sus puestos al estilo de los
mercadillos medievales. Lo más interesante es ver como trabajan
algunos artistas. Recuerdo a un hombre que tallaba paisajes de
elefantes en la selva en trozos de madera y raíces, me podía haber
quedado mirando como trabaja durante horas.
Después
de ver el mercadillo, ya de noche, descubrimos un templo con más de
700 años de antigüedad lleno de magia por la iluminación y un
montón de campanillas que movía el viento en los templos más
nuevos a su alrededor.
Los
demás días nos relajamos en la piscina de nuestro guesthouse y nos
dedicamos a comer un helado de leche, leche condensada y virutas de
chocolate blanco que volvía loca a Oihane en un pequeño restaurante
de unas chicas encantadoras.
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