domingo, 4 de marzo de 2012

Koh Lipe

Eran las cinco de la madrugada cuando una furgoneta nos recogió en la puerta de nuestro hostel para llevarnos al otro lado de la frontera con Tailandia. De noche, lloviendo y con un conductor kamikaze es difícil pegar ojo, además misteriosamente la furgoneta iba hasta arriba de zumos, cuando conseguir que entrásemos allí diez personas con nuestros equipajes ya era casi un milagro. O el chófer era un auténtico adicto a los zumos de melocotón o allí dentro no llevaba nada bueno. Pasamos la frontera, no sin algún que otro problema con el visado y cuando nos pusimos otra vez en marcha, a pocos kilómetros, nos chocó ver la imagen de un camión y una camioneta estrellados contra una casa en el arcén totalmente calcinados. Ya estábamos algo alterados cuando vimos a el cabrón traficante de zumos quedarse dormido al volante, con los ojos totalmente en blanco, a más de 120 km/h! Sin saber que hacer más que vigilarle por el retrovisor para pegarle un grito, recorrimos un par de kilómetros hasta entrar en una ciudad donde pareció espabilarse. Por suerte ya estábamos en Hat Yai y teníamos que hacer transbordo a otra furgoneta. Lo que había sido un trayecto horrible con un paisaje gris y un día lluvioso en Tailandia, dio paso a un perfecto día soleado donde todos los colores relucían como no lo habían hecho hasta ese momento y podíamos empezar a pensar en el paraíso que nos esperaba en koh Lipe.
Nose que contaros de esta isla del mar de Andamán. Estar en koh Lipe es como estar dentro de la perfecta postal con una playa de arena blanca, agua caliente y cristalina, peces de mil colores y con cuatro caminos que puedes recorrer descalzo en poco más de media hora. Fuimos para dos días y nos quedamos una semana sin nada más que hacer que mirar esa playa que quitaba el hipo y reunirnos para ver la película de las siete con un grupo de amigos que conocimos en la isla. Con ellos nos fuimos a recorrer en un barco de pescadores el resto de islas del archipiélago para ver monos en la Monkey Island, hacer snorkel y ver estrellas de mar azules entre el coral, erizos que parecían tener luces de neón, peces loro y hasta una serpiente marina de más de un metro que me pasó rozándome el pie dándome el susto de mi vida.
Hace tan solo unos días que hemos dejado Lipe y ya la echamos de menos. Recordándola hace que nos acordemos de otros buenos momentos, y ahora nuestra cabaña de bambú, el arroz Thai, un batido de sandía viendo una película y nuestra playa perfecta, entran a formar parte de esa selecta lista, como si fuesen un recopilatorio de los mejores momentos que nos vienen a la cabeza mientras pensabamos en Lipe.





















No hay comentarios:

Publicar un comentario