martes, 22 de mayo de 2012

Bali y Las Gili

Con bastante pena nos despedimos de Singapur, aunque nuestros deseos de alargar nuestra estancia allí casi se ven cumplidos, ya que faltando veinte minutos para subir al avión, en una televisión del aeropuerto, vemos la noticia de que un terremoto de 8,7 grados acaba de sacudir la isla indonesia de Sumatra. El terremoto se había producido en el mismo lugar que el de 2002, el cual provocó el famoso tsunami que arrasó ciudades enteras dejando miles de victimas. Las noticias de cierres de aeropuertos en Tailandia, Malasia e Indonesia por la alerta de tsunami que alcanzaba hasta Singapur, donde nosotros estábamos, no eran nada tranquilizadoras. Mientras toda la gente embarcaba sin inmutarse, unos pocos nos planteábamos si merecía la pena ir a un país que podía ser arrasado por el tsunami. Cuando solo quedaban un par de personas en la cola de embarque la televisión afortunadamente anunciaba que se desactivaban las alertas debido a que el movimiento de tierras había sido horizontal y no vertical, por lo que no se generarían olas gigantes. Algo más tranquilos subimos al avión justo antes del cierre de puertas pensando en si algún día podremos disfrutar de un viaje sin sorpresas.

No se muy bien como resumir nuestra estancia de casi un mes en este rincón de Indonesia. El día once por la noche llegamos a Kuta, la ciudad más turistica de la Bali donde yo me reencontré con el surf después de demasiado tiempo sin coger olas. Fue aquí donde conocimos a Dani y a Carla, una pareja encantadora de valencia, a Tomeu, nuestro guía mallorquín que nos ayudó a descubrir los mejores sitios de la isla y nos llevó al skygarden, una discoteca donde todas las noches durante una hora sirven comida y bebida gratis, sin trampa ni cartón, la excusa perfecta para reunirnos al final del día. También conocimos a Carlo, un chico italiano con quien recorrimos en moto buena parte de Bali. Primero Ubud, una ciudad de artistas con un impresioante templo metido en la selva por el que se puede pasear y ver un montón de monos saltando entre las lianas y las rocas llenas de verdín, un lugar que parece que solo puede existir en ciencia ficción.

Otro día fuimos a ver las montañas del norte en Kintamani donde descubrimos un precioso lago a los pies de un volcán.

Tambien nos gustó mucho recorrer en moto las carreteras de montaña que atraviesan los famosos cultivos de arroz en terrazas, es bonito ver como literalmente han tallado la montaña para cultivar el arroz mezclando agricultura y arquitectura.


Acabamos con el culo hecho polvo de pasar tantas horas encima de la moto, así que decidimos devolverla y coger un barco para visitar las islas Gili. Tres islotes diminutos rodeados de aguas cristalinas donde nos reencontramos con Carlo, todavía nos acordamos de él cuando vemos los helados de chocolate que comía siempre de postre.
Con mucha pena nos despedimos para seguir nuestros caminos, ¡¡Ciao Carlo te deseamos lo mejor en Australia!!


A nosotros nos esperaban un par de inmersiones en esas aguas turquesa llenas de peces que solo había visto en los documentales. Bucear en las Gili ha sido increíble, pero nos reservamos la mejor inmersión para el final. De vuelta en Bali alquilamos una moto y nos fuimos directos al norte a bucear en Tulambén, donde hay un barco hundido de la segunda guerra mundial del que solo quedan algunos restos que dejan ver como fue en el pasado, un ancla enorme, una torreta ametralladora de tres metros y pequeños detalles de manivelas escondidos entre un nuevo mundo de coral que lo cubre todo llenándolo de vida. Vimos peces rarísimos como el frogfish y un enorme pez ballesta, de los que muerden, que apareció de repente a medio metro de la cara de Oihane en mitad de un pasadizo estrecho.


Ya en nuestro último día en Kuta, nos despedimos de nuestros amigos y vecinos, Dani y Carla a quienes les deseamos mucha suerte en Perú.


Nuestro viaje acaba aquí, después de tres meses y habernos gastado casi todos nuestros ahorros nos dirigimos de nuevo a Koh Tao, Tailandia. En esta pequeña isla del golfo dejaremos de viajar y disfrutaremos de unas autenticas vacaciones más asentados.




































sábado, 12 de mayo de 2012

Singapur

Un viaje bastante variado nos llevó hasta Singapur. Primero, doscientos kilómetros de vuelta en moto, esta vez mucho más placenteros con paisajes impresionantes y buen abrigo. Seguidos de diecisiete horas en el tren con literas hasta Bangkok, nuestro último día en la capital del país y sus centros comerciales. Cogimos el metro hasta el aeropuerto donde pasaríamos la noche rodeados de cientos de fans adolescentes de un grupo de pop Koreano, y finalmente un viaje en avión de dos horas hasta Singapur, el cuarto centro financiero mundial.

Estar en esta ciudad a sido como volver a Europa sin salir de Asia. Todo está perfectamente cuidado y limpio, sin demasiado tráfico, amplias avenidas y muchos parques. En el centro los rascacielos de cristal son los grandes protagonistas, llenos de oficinistas y empresarios perfectamente trajeados y de todo tipo de nacionalidades. Tengo que decir que es la primera capital en la que no he visto ese contraste tan típico entre pobreza y riqueza de las grandes ciudades. En Singapur se respira el lujo en cada esquina, con una arquitectura fascinante, parques con césped perfectamente cortado, un hospital enorme que parecía una pequeña ciudad con un edificio para cada especialidad, coches y tiendas de lujo en centros comerciales con diseños futurístas, un metro impecable que conecta directamente con el interior de estos centros y hoteles, bares y restaurantes llenos de estilo, una marina con un puerto interior a los pies de los rascacielos y un aeropuerto cuidado hasta el último detalle con infinidad de servicios gratuitos.

Fue sorprendente subir a la azotea del centro comercial de la marina y ver a un lado el edificio más simbólico de la ciudad junto a un nuevo jardín botánico con edificios que parecían árboles gigantescos, al otro lado se podía ver toda la marina con sus parques y los rascacielos de fondo, y a lo lejos el mar abarrotado de barcos de mercancías entrando y saliendo del puerto.

Nos hubiera gustado pasar más tiempo en Singapur, pero nos sentíamos algo fuera de lugar con nuestro presupuesto, ya que la única pega son sus elevados precios en comparación con el resto de los países asiáticos.