viernes, 20 de abril de 2012

Bangkok

Diecisiete horas de ferry, autobús y alguna que otra espera nos costó llegar a Bangkok.
 Para ser una de las ciudades más grandes del sudeste asiático, la entrada en autobús no fue tan espectacular como nos podíamos esperar de la capital de Tailandia, quizás por el recuerdo de los rascacielos de Kuala Lumpur.

Es algo chocante salir de una pequeña y tranquila isla para llegar a una ciudad tan caótica, llena de prisas, tráfico enloquecido, vendedores que te asaltan en cada calle con sus productos y en la que a veces cuesta hasta respirar por la contaminación del aire. Estas fueron nuestras primeras sensaciones atravesando Khaosan road, una de las calles más turísticas de Bangkok hasta llegar a nuestro alojamiento. 

Los días siguientes nos dedicamos a perdernos por el centro de la ciudad visitando templos, parques, una calle de artesanos dedicados a trabajar la madera, un poblado de gente sin hogar asentados debajo de la autopista a pocos metros de los centros comerciales. Si algo abunda en Bangkok es pobreza, polución y centros comerciales. Es posible pasear por unas pasarelas que conectan estos megacentros, donde uno puede encontrar todo lo que se imagine sin ni siquiera pisar la calle.
Nos gustó ver un serie de combates de muay thai que organizan en la calle cada miércoles y como se emocionaban y gritaban los tailandeses con las peleas.

Bangkok nos a enseñado algo, y es que después de vivir medio mes en una isla sin preocupaciones y ni tan siquiera un espejo, llegar a una ciudad tan sumamente consumista nos a hecho sentir la infelicidad que el consumismo genera. Nunca habíamos podido distinguir tan claramente este sentimiento. Deseábamos realmente tener un montón de cosas que se nos ofrecían en la ciudad, mientras que días atrás en Koh Tao ni nos acordábamos de que pudiesen existir. Al final, a pesar de poder comprar casi lo que quisiéramos, llegamos a la conclusión de que éramos más felices en nuestra pequeña isla donde nuestros deseos no eran tener cosas, sino buenos momentos y gente con quien compartirlos. 












jueves, 5 de abril de 2012

Koh Tao


Parece ser que el paraíso siempre se esconde tras un viaje lleno de dificultades. Al igual que para llegar a Koh Lipe tuvimos que soportar un viaje horrible, la travesía en barco entre estas dos islas nos tenia guardada una pequeña sorpresa. Mientras todo el mundo dormía por la resaca de la fullmoon, empezamos a oler que algo se estaba quemando, nada bueno teniendo en cuenta que estábamos en un barco. Un tipo se acercó a la chica que se sentaba a nuestro lado y tras despertarla le susurró, como para que no cundiese el pánico “the boat is on fire”. Todo el mundo se empezó a inquietar y no sé si con calma o más bien empanamiento empezamos a salir a cubierta para ver como una nube de humo negro salia del motor justo debajo de nuestros equipajes.

Tras una hora a la deriva “entretenidos” viendo como a unos kilómetros se formaba un tornado en el mar, el capitán con los motores al mínimo puso de nuevo rumbo a Koh Tao.
Recomendados por varias personas nos dirigimos al sur buscando a el Brujo, quien lleva una escuela de buceo en castellano. Nos alojamos en una cabaña situada en la ladera al lado de la escuela de buceo con vistas desde la cama a toda la bahía y al amanecer.

Dejamos pasar los días sin nada más que hacer que adaptarnos al ritmo isleño, comer bien, dar un paseo en kayak, aprender a abrir un coco, hacer snorkel entre miles de peces de colores, tiburones, barracudas, nadar con un tortugón gigante y algún que otro trigerfish, unos peces bastante grandes y graciosos con dientes de humano que si por accidente atravesabas su territorio se tiraban a morder.
Por fin nos decidimos a sacarnos el titulo de buceo. Oihane empezó con alguna molestia en el oído el primer día pero no tardó mucho en cogerle el gusto a estar debajo del agua. Bucear los dos prácticamente solos rodeados de tanta vida y un mundo tan distinto ha sido una experiencia inolvidable, y buena culpa de ello también la tienen quienes nos enseñaron, desde el Brujo hasta el último instructor y dive master, y por supuesto los nuestros, Sammer y Anna. Con ellos hemos pasado buenas tardes en su casa, en un barrio de cabañas preciosas protegidas por tres perras medio mineras y un ejercito de guecos. Hablando con ellos hemos podido descubrir muchas realidades que no se enseñan y se maquillan, supongo que para no dañar la perfecta imagen que este país ofrece al turista.

Llevábamos a penas dos semanas en la isla y ya empezábamos a notar el “síndrome de Koh Tao”. Y es que esta isla te atrapa, su gente, la vida sin más preocupaciones que donde te darás tu próximo baño, la felicidad que se respira...

No recuerdo otra cosa que me haya costado tanto en lo que llevamos de viaje como levantarme para ir a comprar el billete a Bangkok. En esta isla he cumplido mi veinticuatro cumpleaños, y por segundo año consecutivo debajo del agua, un regalazo de Brujo. Además los amigos que hemos conocido aquí nos han hecho sentirnos como en casa.

Nuestro viaje sigue y muchas cosas nos esperan, pero no creo que hubiésemos podido dejar Koh Tao sin la esperanza de guardar algo de dinero para volver antes de terminar nuestro viaje.


Nota: La escuela de buceo con la que hicimos los cursos se llama IHASIA, está en Chalok Baan Kao al sur de la isla, la lleva "el Brujo". Hay mucho ambiente de spanish y los cursos se pueden hacer en castellano. Si queréis bucear os recomendamos que ni miréis más, los precios están muy bien y la calidad de todos los instructores es inmejorable. Además si le comentáis a Brujo que descubristeis la escuela por nuestro blog os hará un 5% de descuento.







                                          Las vistas desde la cama de nuestra cabaña!!












                                 Rolito!!! Nuestro perro adoptivo que nos seguía a todas partes!!


                                         Un mini escorpión en nuestro baño, que mal rollo!!


                                            Robusto! El gueco guardián de nuestra cabaña!!







                             
                                    Anna queremos una foto tuya en el agua!! Aquí faltas tú!!